La conversación sobre inteligencia artificial en el trabajo ya no pasa solo por software, automatización o productividad individual. Cada vez más, la pregunta es otra: ¿cómo deben evolucionar los espacios para acompañar una forma de trabajar que ya cambió?
Dos estudios recientes ayudan a responderlo desde ángulos complementarios. Por un lado, el Global Workplace Survey 2026 del Gensler Research Institute analiza cómo trabajan hoy miles de personas en oficinas de todo el mundo. Por otro lado, el reporte The State of Modern Collaboration Spaces de FORTÉ pone el foco en las salas de reunión, la colaboración híbrida y el peso real que están teniendo las tecnologías con IA en la experiencia diaria de trabajo.
Y si algo dejan claro ambos relevamientos es esto: en la era de los Workplaces IA, el desafío ya no es solamente incorporar tecnología. El verdadero reto es diseñar entornos más confiables, más humanos y mejor preparados para aprender, colaborar y adaptarse.
La oficina no desapareció: cambió su valor
Según Gensler, el trabajo en oficina sigue ocupando un lugar central. En promedio, los trabajadores relevados pasan 55% de su semana laboral en la oficina, mientras que el trabajo desde casa representa 18%. Además, el tiempo en otros entornos —como coworkings, sitios de clientes o viajes de negocios— ya supera al home office.
Esto es importante porque baja a tierra una idea que todavía aparece mucho en el debate: la oficina no perdió relevancia. Lo que perdió fue su sentido tradicional. Ya no alcanza con ofrecer escritorios y salas; hoy el espacio tiene que justificar por qué vale la pena ir.
Gensler también detectó que la forma de trabajar se mantiene bastante estable: alrededor de 39% del tiempo se dedica al trabajo individual, 27% a la colaboración presencial y 13% a la colaboración virtual. En otras palabras, la oficina actual necesita soportar múltiples modos de trabajo al mismo tiempo.
El problema no es solo dónde trabajamos, sino cómo funcionan los espacios
Uno de los hallazgos más interesantes del estudio de Gensler es que la estabilidad no necesariamente implica satisfacción. Dos tercios de los empleados recurren a soluciones “DIY” (Do It Yourself), para corregir problemas de diseño en su puesto, especialmente vinculados con ergonomía, temperatura, privacidad y almacenamiento. Además, más del 60% reporta conductas como tomar llamadas desde el escritorio, usar circulaciones o incluso cancelar reuniones por falta de salas adecuadas.
Eso conecta muy bien con lo que detecta FORTÉ del lado tecnológico: en salas y espacios de colaboración, la principal barrera para reuniones productivas sigue siendo la falta de confiabilidad. Entre los líderes IT relevados, 49% señala que el principal problema es que la tecnología no funciona correctamente; 47% menciona dificultades para que las personas se sumen remotamente, y 41% apunta a la mala calidad de audio o video.
Top Barrier to Productive Meetings
Acá aparece una idea clave para pensar los Workplaces IA: la experiencia del espacio ya no depende solo del diseño físico ni solo de la tecnología. Depende de la integración entre ambos.
IA sí, pero con una condición: que reduzca fricción
Mucho se habla de IA en el trabajo, pero los datos muestran algo más concreto. En el estudio de Gensler, los usuarios intensivos de IA —personas que la usan regularmente en el trabajo y en su vida personal— representan 30% de la muestra. Lejos de aislarse, estos perfiles pasan menos tiempo trabajando solos y más tiempo aprendiendo, socializando y colaborando virtualmente que los adoptantes tardíos. Además, reportan relaciones de equipo más fuertes en confianza, calidad de trabajo y vínculo humano.
Ese dato es potente porque rompe con una lectura muy lineal: la IA no necesariamente reemplaza la interacción humana; puede, de hecho, aumentar la necesidad de espacios que faciliten aprendizaje, intercambio y creatividad.
FORTÉ llega a una conclusión complementaria. La adopción de funciones modernas en salas ya es casi total: 98% de las organizaciones usa al menos una función moderna o habilitada por IA, y herramientas como touch-to-join o transcripción en tiempo real ya se están volviendo parte del estándar. Pero el próximo paso no parece estar en sumar más features “vistosas”, sino en usar IA para resolver lo invisible: detectar fallas antes de una reunión, automatizar chequeos de salud de sala y reducir la carga operativa de soporte.
Dicho más simple: la IA aporta valor cuando hace que el entorno funcione mejor, no solo cuando agrega nuevas capas de complejidad.
El workplace del futuro será más humano, no menos
Otro hallazgo fuerte de Gensler es que los trabajadores imaginan el futuro del espacio laboral combinando productividad y bienestar. 46% espera que el workplace incorpore amenities para bienestar físico y mental; 43% prioriza áreas exteriores y conexión con la naturaleza; y 40% destaca la necesidad de espacios silenciosos para concentración y también entornos para coaching y crecimiento profesional.
Esto importa porque, cuando hablamos de Workplaces IA, no estamos hablando solo de edificios más “inteligentes”. Estamos hablando de lugares más sensibles a las necesidades reales de las personas: foco, autonomía, aprendizaje, salud mental, conexión social y acceso simple a tecnología confiable.
Y ahí es donde estas dos encuestas se cruzan de verdad. Gensler muestra que los trabajadores valoran entornos que habiliten nuevas formas de aprender y colaborar. FORTÉ muestra que, si la tecnología falla, toda esa promesa se cae. La conclusión es clara: el espacio laboral del futuro necesita ser humano en su lógica y robusto en su operación.
Qué significa esto para las empresas en la práctica
Para organizaciones que están repensando sus oficinas, salas o campus corporativos, estos resultados dejan al menos cuatro señales claras:
1. La oficina sigue siendo relevante, pero debe ofrecer una experiencia mejor
Ir a la oficina tiene que aportar algo que no sucede igual de bien en otro lado: colaboración, cultura, aprendizaje, acceso a tecnología y mejores condiciones para ciertas tareas.
2. La confiabilidad ya es parte del diseño
No alcanza con una sala atractiva o equipada. Si una reunión no arranca a tiempo o el audio falla, la experiencia completa del workplace se resiente.
3. La IA útil es la que reduce fricción
Los mejores casos de uso no son necesariamente los más llamativos, sino los que eliminan tareas repetitivas, previenen fallas y facilitan la colaboración híbrida.
4. Bienestar y performance ya no compiten
Los datos muestran que las personas esperan espacios que mejoren su bienestar y, al mismo tiempo, su productividad. Hoy esas dos variables van juntas.
Una oportunidad para diseñar mejores Workplaces IA
Desde Proyecciones, estos hallazgos también dialogan con muchas conversaciones que venimos viendo en el mercado junto a colegas como FORTÉ, GPA USA y otros actores que están siguiendo de cerca la transformación del workplace corporativo. Lo interesante es que la discusión maduró: ya no se trata de llenar espacios de tecnología, sino de entender cómo esa tecnología mejora la experiencia y el rendimiento real de las personas.
El mensaje de fondo es bastante claro. En la próxima etapa del trabajo, la ventaja no va a estar solo en adoptar IA, sino en crear entornos donde esa IA conviva con mejor diseño, mejor operación y mejores experiencias humanas.
Porque, al final, los Workplaces IA más valiosos no serán los más automatizados. Serán los que mejor ayuden a las personas a concentrarse, aprender, reunirse, decidir y trabajar juntas.













